jueves, 29 de marzo de 2012

Heimweh y Fernweh


(no tengo tildes)
El vuelo siempre es una experiencia curiosa. El sueño acumulado (tiendo a viajar habiendo dormido muy poco) las incontables veces que me pregunto ¿y si se cae ahora? ¿y si se cae? intento pensar en si los demas pasajeros y yo cumplimos con las caracteristicas de una pelicula de catastrofes, tiendo a concluir que no. Me tranquilizo pensando que tengo algun lorazepam en el bolsillo, por si hubiese demasiadas turbulencias y me pusiese nerviosa o si fuesen algo mas que turbulencias, aunque entonces de que serviria, vuelvo al bolsillo, mas agobiada que antes, lo tengo. (matizare que nunca me lo tomo, queria dejar el final abierto pero me habeis hecho sentir mal.)
La extrañeza que me producen todos, ¿quien toma cerveza a las 10 de la mañana? ¿quien compra papeletas del sorteo de Ryanair? Caridad para los niños, repiten siempre. (Me entra la risa internamente, con esa sensacion de reirte de algo que no es comico, que necesita de un poco de tu parte mala para convertirse en comico, la risa de las peliculas de los Coen)

Aterrizar, buscar el autobus a la estacion de tren, los trenes. (aqui empieza lo bueno, los trenes alemanes... cuando volvia a España el año pasado lo que me recibia era el sol y el ruido, sol y ruido eran para mi señales inequivocas de estar en casa, en Alemania son los trenes...)

Todo va muy bien, una parte de mi protesta por mi decision de ponerme a leer, pero a mi me gusta leer en los trenes ¿y la ventana? ¿y todo lo verde? no se la razon, pero me gusta leer en el tren, mirando solo de vez en cuando por la ventana... y al cabo de un rato, un par de horas, para ser exactos, llegamos a destino.

La sensacion empieza a enrarecerse un poco, las estaciones de la ciudad estan absolutamente iguales, nada ha cambiado. No es que yo pensase que la ciudad fuese a estar completamente transformada pero me empequeñece un poco el entender que yo, nosotros, todo lo que paso aqui, existio solo en su momento, y, de la misma manera que existia en Aachen y no en Granada, existia el marzo pasado y no este. Nada se ha parado para que todo siga igual, y aqui estoy yo, desorientada como la primera vez que pise la ciudad. Pero ahora conozco las aceras, las esquinas, los supermercados... hay sitios de la ciudad que significan cosas que no creo ni que se imaginen.

La llegada a la casa, el cafe de bienvenida, las cervezas de reencuentro, los paseos, es increible que haga este sol, los malentendidos por el idioma, las risas posteriores.... leer en los parques, pedir lo basico en una cafeteria y tener que repetirlo porque no me entienden... ¿en serio?

Olvidaba lo bien que duermo siempre aqui, olvidaba que no es que duerma muy bien aqui, es que duermo muy bien desde que vine aqui... Me deje unas zapatillas viejas de correr que no me cabian en la ultima maleta, diria que Thanos las tenia guardadas pero es mas exacto matizar que le dio pereza llevarlas al contenedor de ropa, se lo agradezco.
Correr por la ciudad, con musica. Llegar al bosque, apagarla. Caminar un rato. Volver a correr.

La primera noche me desperte gritando porque en la puerta de la habitacion estaba mi compañero de piso atemporal sonambulo, el se asusto mas que yo, o eso dice. Nos llevamos riendo de eso desde entonces.
A veces no esta tan mal que las cosas no cambien.
Desde casa, desde Aachen, un abrazo gigante.



1 comentario:

  1. Mis pensamientos en el avión suelen estar más próximos a un comic, así que no seré yo quien te juzgue por las tinieblas paroxísticas.
    Tu casa es allí donde está tu cuerpo, saboréala.
    Y abrazo para Thanos.

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