sábado, 14 de agosto de 2010

de los niños que tomaban las calles

En las últimas semanas me han asaltado perpendiculares de camino al hospital que apenas entendía, pero en los últimos días han empezado a dibujarse más nítidamente sus perfiles.
Esta semana por un extraño barrio-cerro/alias campus universitario/alias playa-donde-no-debes-andar-solo/alias vistas-brutales se leía en los muros No a la educación neoliberal, -demasiado tarde, dijo Jesús.
Chile, según los datos de NNUU, tiene una de las tasas más altas de alfabetización de América Latina, el 99% (jóvenes de 15-24 años) Sin embargo, cuando conversas con los estudiantes de medicina relatan que la mayoría provienen de centros de enseñanza privados y que es una ínfima minoría (hipérbole del detalle) la que accede a través de la enseñanza pública. Fue el jueves cuando llegamos tarde al hospital porque los escolares habían tomado la avenida Argentina y la polícia intentaba re-establecer el desorden.
Seguía sin comprender qué estaba pasando.
En el almuerzo nos comentaron que desde la dictadura, en pro de la eficiencia, la enseñanza había iniciado un proceso de descentralización* y que ahora pertenecían a las municipalidades (correcto! Viña del Mar (acá la Marbella de Santiago) is not Valparaiso) en respuesta, desde hace unos años hay un movimiento batallando por revertir no sólo el germen necesario sino las consecuencias suficientes.
Y hoy encuentro este texto que me ayuda a ir enlazando la órbita de los ojos: “Es cuestión de ver lo que está pasando en Chile y en la educación en particular para negarse a asumir una posición egoísta y quedarse sentado en clases, mirando como los profesores tratan de adiestrarnos. Yo creo que las cosas están mal y que hay causas justas por las que luchar. Por el futuro de los que vienen y de todo un país. Incluso arriesgando la PSU, porque nuestras convicciones son más fuertes que nada.”

* próximas entregas sobre la Escuela de Chicago y las mierdas de perro que acostumbro a pisar.


No hay comentarios:

Publicar un comentario